Por Ernesto Schoo
Asombra la cantidad de libros aparecidos en Gran Bretaña, en estos meses últimos, sobre la situación de la mujer en la escena de habla inglesa entre los siglos XVI y XIX. El más reciente es Women s Theatrical Memoirs , en cinco tomos, con 2000 páginas, editado por Sharon Selzer para el sello Pickering and Chatto, a 750 dólares. Y parece ser (según reseña publicada en el Times Literary Supplement del 14 de diciembre último), el más interesante. Agrupa las memorias de tres grandes actrices inglesas de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX. En realidad, el único texto de puño y letra de su protagonista es el de Mary Robinson (1756-1800), también escritora profesional y autora de varias novelas y de panfletos contra la tiranía de los hombres. Las otras dos, Mrs. Jordan (1761-1816), considerada la mayor actriz cómica de su tiempo, y -la más célebre de todas- la formidable Mrs. Siddons (17555-1831), son vistas por contemporáneos de ellas, el periodista James Borden y el poeta James Campbell, respectivamente.
La señora Robinson debutó en Drury Lane en 1776, pero abandonó la escena tres años después, al convertirse en amante (una más) del entonces príncipe de Gales y luego rey Jorge IV. Cuenta sus difíciles comienzos, entre un padre fracasado y un marido abúlico. Más atractivo parece ser el volumen dedicado a Mrs. Jordan, quien también tuvo su roce (inevitable entonces) con la realeza: durante veinte años, hasta 1811, fue amante del duque de Clarence, el futuro rey Guillermo IV (quien, al fallecer en 1837, sin hijos, dejó el trono a su sobrina, Victoria). Para tener éxito como actriz en aquellos tiempos, era necesario estar muy al tanto de la política -doméstica e internacional: Napoleón andaba por ahí-, la alta sociedad, los enredos de la corte, y tener amoríos al menos con alguien allegado al poder.
La famosa señora Siddons debió luchar, entre otras cosas, con su célebre colega David Garrick, junto a quien le tocó debutar como lady Ann en Ricardo III, de Shakespeare. Es la portentosa escena en que Ricardo corteja a la viuda del hombre que acaba de asesinar: el actor instruyó a la joven para que siempre le hablara dando la espalda al público, de manera de mantener a éste pendiente de él. Ella se distrajo, desobedeció y la reacción de Garrick fue de tan apenas contenida furia que "con sus ojos de fuego" la dejó balbuceando sus parlamentos. Pero la señora Siddons misma era bastante terrorífica: un espectador contemporáneo testimonia que su lady Macbeth "le ponía los pelos de punta a cualquiera". Y un actor recuerda que, encargado de un papel secundario en un melodrama sobre la reina Margarita de Anjou, ante la aparición de la protagonista, surgiendo inesperadamente en toda su majestad bajo un arco de palacio, "quedé sin aliento, tan poderosa e instantánea fue su presencia, y lo mismo el público".
Eso sí, las tres grandes damas comparten un rasgo común: el cuidado en la elección de la ropa de escena.
http://www.lanacion.com.ar/entretenimientos/nota.asp?nota_id=976284
¿Por qué la gente linda no paga los impuestos?
Hace 2 horas



